Su discurso ha sido visto por centenares de miles de personas en todo el mundo. Hay innumerables columnas, reportajes y artículos amplificando e interpretando su potente mensaje.
Carney declaró que el orden internacional basado en reglas, liderado por Estados Unidos, no está en transición, sino que ha sufrido una "ruptura" permanente.
Con un realismo sin maquillaje, describió el sistema actual como una "ficción agradable" que ha terminado dando paso a una situación donde la geopolítica de las grandes potencias no tiene límites ni restricciones.
Señaló que el antiguo orden a menudo se invocaba de manera selectiva o asimétrica, aplicándose con rigor a los países pequeños mientras las potencias se eximían cuando les convenía.
Como en todo buen discurso político, Carney usó etiquetas y giros de lenguaje, para asegurarse que sus opiniones calen fuerte en ciudadanos globales que están cada vez más acostumbrados al estilo telegráfico, sucinto, figurativo y magnético del mundo online.
Argumentó que negociar bilateralmente con un "hegemón" (entidad que ejerce una supremacía sobre otros, ya sea política, económica, militar) es una posición de debilidad, no es soberanía. Más bien es una "actuación de soberanía mientras se acepta la subordinación".
Propuso un enfoque de "realismo basado en valores", que implica aceptar el mundo tal como es (pragmatismo) sin renunciar a la defensa de los derechos humanos, la sostenibilidad y la integridad territorial (principios).
Sugirió crear "coaliciones de voluntad" o asociaciones de "geometría variable": diferentes grupos de países trabajando juntos en temas específicos donde comparten intereses y valores, en lugar de depender de instituciones globales debilitadas.
De igual modo, instó a los países a desarrollar capacidad para alimentarse, proveerse de energía y defenderse por sí mismos para reducir su vulnerabilidad.
En cuanto a Canadá, mencionó acuerdos y negociaciones estratégicas fuera de la dependencia tradicional con EE.UU., incluyendo a la Unión Europea, India, Mercosur y China (especialmente en el sector de vehículos eléctricos).
Destacó medidas nacionales como recortes de impuestos a la inversión, eliminación de barreras al comercio interno y una inversión masiva en IA, energía y minerales críticos.
Carney confirmó que Canadá duplicará su gasto en defensa para finales de la década y reafirmó su apoyo "inquebrantable" a la soberanía de Groenlandia y Dinamarca frente a presiones externas.
En resumen, el discurso fue un rechazo a la nostalgia de un orden pasado y una invitación a construir un nuevo sistema de cooperación entre países que, aunque no sean superpotencias, pueden ejercer una influencia colectiva para proteger el progreso y la justicia.








